GUÍA PRÁCTICA PARA SOBREVIVIR PT. 2 La importancia de entender el valor que agregan las personas a tu vida.

Valora a cada persona que conozcas en el camino.

Cada palabra, cada historia, cada conversación y cada ser humano son parte del regalo que te da el camino y la vida. Valora a cada persona que abra cada centímetro de su corazón y de su mente al compartirte una parte e ellos a través de sus palabras o de su silencio.

Cada persona esta viviendo su propio y tormentoso camino y están viviendo una aventura que, al compartirla, crea un impacto que deja una estela en el camino de su vida y los vuelve inmortales en esta tierra. Todas las personas te pueden dejar un consejo o una lección. La única forma de trascender es compartiendo.

Agradezco a la vida por esas personas que me ha puesto en este preciso camino en los momentos en que más los he necesitado. Cada extraño que se ha vuelto un amigo y cada amigo que se ha vuelto familia en Asia o desde México ha significado para mi no sólo fuerza y paz sino convicción e inspiración.

Cada plática y momento que he tenido con alguien, se ha vuelto una parte determinante en mí y pudimos crear una conexión que de alguna manera nos une para siempre.

Han habido tantas personas en estos meses que no podría enumerar las lecciones y conversaciones que se tomaron el tiempo de dejarme. Pero hay una de todas estas personas que no quiero dejar de mencionar.

Se llama Ravi y es el encargado de cuidar la casa de voluntarios en Ambalangoda, Sri Lanka.

Ravi vino por mí a la estación de tren y rápidamente movió a todas las personas para abrirme paso después de un viaje de 6 horas con alrededor de 50 paradas. Traía una motoneta y se las ingenió para que mi maleta y yo cupiéramos seguras con él. Me dio un casco y me ayudó a abrocharmelo y empezó mi viaje por la playa del sur de Sri Lanka.

Cuando llegamos a la casa me enseñó el que sería mi cuarto por esa noche y se fue corriendo a la cocina a prepararme algo de desayunar.

Ravi a demás de cuidar la casa, es el cocinero y chofer. Su trabajo es llevar y recoger voluntarios, cocinar para ellos, abrir y cerrar cada vez que alguien llega, cuidarlos, resolverles, llevarlos y aguantarlos las 24 horas del día. Además, Ravi es papá de 6 hijas que viven con él en una casa atrás (mal construida y muy pequeña para ocho personas).

Ravi sabe hablar inglés pero, como a muchos, se le confunden las palabras y le cuesta expresarse en un idioma que no es el suyo. Cuando me llevó a los proyectos me enseñó cada tortuga y me explicó algo especial de ella, con todo y que le costaba traducir todo al inglés.

Después le pregunté que dónde estaba el super más cercano y me dijo que él me llevaba en la moto. Llegamos al super y me bajé y fue atrás de mí. Me acompañó en cada pasillo como guardaespaldas, me ayudó a guardar todo en bolsas y me regresó a la casa donde naturalmente me ofreció comida de nuevo.

(Cocina muy cabrón por cierto)

Mi tren del día siguiente salía a las 5 am. Le dije que iba a pedir mejor un taxi pero obviamente se negó y me dijo que él me iba a llevar y no tomó un no como respuesta. A las 5 de la mañana ahí estaba en la puerta esperándome con el casco en las manos.

Llegamos a la estación y estacionó la moto se bajó conmigo compró mi boleto y cuando me dieron el incorrecto regresó a pelearse con el señor de los tickets media hora para explicarle que mi tren era otro. Yo estaba muy apenada de que el pobre se había despertado a las 4 para llevarme al tren y todavía seguía ahí conmigo esperando; le dije que se fuera que yo esperaba el tren sola, pero no me dejó, me dijo “I wait. I wait” y ahí nos quedamos. Yo traía dos choco-milks (por atascada) y se me ocurrió ofrecerle uno mientras esperábamos. Lo tomó como si le hubiera dado una joya. Me dijo que tenía que ir a no se donde y se desapareció. Llegó a los 5 minutos con un paquete de dulces típicos de Sri Lanka para regalarme de despedida, ¡todo por el chocomilk que le di!

Cuando llegó el tren corrió a buscarme lugar, subió mi maleta y nos despedimos rápido por que el tren solo para 2 minutos por estación.

Probablemente nunca vuelva a ver a Ravi. Probablemente no hayamos tenido una conversación real. Probablemente él nunca va a saber lo agradecida que estoy con él porque, en este lugar tan nuevo y extraño para mí, saber que podía contar con él lo hizo todo más fácil. Probablemente él nunca sepa que yo estaba pasando por un momento difícil ese día. Probablemente no sepa que, sin mucho que decir, salvó mi cordura. Probablemente nunca sepa que me hizo sentir segura y querida.

No ha sido la conversación más profunda, espiritual o significativa que he tenido en este viaje, sin embargo, Ravi me dejó una lección muy valiosa: hay que darse a los demás. Sean quienes sean, vengan de donde vengan, ofrecer tu ayuda a alguien más ya sea por trabajo o por gusto, hace que conozcas una parte íntima de ellos. Abriendo tus puertas haces que estas personas que conoces en el camino abran las suyas y literalmente ves a través del alma de alguien.

Eso aprendí de Ravi y donde sea que lo lleve la vida estoy segura que va a estar muy bendecido y muy feliz. Tiene todo lo que necesita para vivir plenamente y no, no es una casa grande. Es una familia que lo ama, un corazón enorme y esa capacidad tan noble de ayudar a los demás de una forma mucho más profunda que material.

El ya dejó su estela marcada en mí. Él y muchas otras personas más. Y espero, yo en ellos.

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